En el negocio agropecuario, la alternativa más eficiente —desde lo productivo y patrimonial— es mantener la unidad económica del campo bajo una estructura societaria.
Cuando el establecimiento continúa dentro de una sociedad (SA o SRL) y los herederos reciben participación accionaria en proporción a su derecho hereditario, se preserva la escala, se optimiza la administración y se protege el activo en el largo plazo.
Pero no siempre esa alternativa es viable.
Hay situaciones en las que el vínculo entre hermanos no permite sostener una administración conjunta. Falta “affectio societatis”, hay diferencias de visión, prioridades económicas distintas o simplemente proyectos de vida incompatibles. En esos casos, forzar la continuidad bajo una misma estructura puede generar más conflictos que soluciones.
Cuando no queda otra opción que dividir, la clave no es evitar la fragmentación, sino hacerla bien.
Dividir no es partir en hectáreas iguales. Es construir equidad patrimonial y potencial productivo.
¿Cuándo la división es el camino inevitable?
Algunos escenarios frecuentes:
- Cuando no existe voluntad de gestión conjunta.
- Cuando hay diferencias profundas en la visión de inversión o riesgo.
- Cuando uno o más herederos necesitan liquidez.
- Cuando las relaciones personales dificultan la toma de decisiones compartidas.
En estos casos, la división física puede ser la mejor manera de preservar la armonía familiar y permitir que cada uno desarrolle su proyecto sin fricciones permanentes.
Qué debe contemplarse para una división equitativa
Una división justa requiere un análisis técnico y humano simultáneo.
No alcanza con dividir por superficie.
1. Valor patrimonial real
Se debe realizar una tasación profesional considerando:
- Aptitud agrícola.
- Aptitud ganadera.
- Calidad de suelos.
- Índices productivos históricos.
- Accesos y caminos.
- Infraestructura existente.
- Cercanía a centros urbanos (clave en campos periurbanos o con potencial inmobiliario).
Una hectárea agrícola en zona núcleo no vale lo mismo que una hectárea ganadera serrana. La equidad es en valor, no en cantidad.
2. Potencial productivo futuro
No sólo importa lo que el campo es hoy, sino lo que puede ser:
- Posibilidad de riego.
- Potencial de intensificación.
- Desarrollo inmobiliario.
- Transformación a mixto o agrícola.
- Proyectos de agregado de valor.
Dividir sin considerar potencial puede generar inequidades a largo plazo.
3. Escala económica mínima viable
Cada fracción debe poder funcionar como unidad económica razonable:
- Acceso independiente.
- Dimensión suficiente para ser rentable.
- Infraestructura básica o posibilidad de desarrollarla.
En algunos casos, algunos herederos pueden acordar unir fracciones contiguas para preservar escala.
4. Infraestructura y mejoras
El “casco” suele ser el mayor punto de conflicto:
- Vivienda principal y sus objetos de valor emocional.
- Instalaciones para tiempo de ocio
- Galpones.
- Silos.
- Montes implantados.
- Instalaciones ganaderas.
- Otros
Cuando no es divisible, debe compensarse económicamente en valor.
5. Los vínculos personales y sus valores
La dimensión humana es determinante:
- Recuerdos y apego emocional.
- Necesidades particulares.
- Situación económica individual.
- Perfil productivo o inversor.
Una división técnicamente perfecta puede fracasar si ignora lo emocional.
Por eso es prioritario entender primero la dinámica de los vínculos entre los herederos para anticipar tanto conflictos como potenciales optimizaciones entre ellos de acuerdo a la calidad de sus relaciones y sus proyectos alineados.
En la mayoría de los casos, cuando hablamos con las familias que ya pasaron por un proceso similar, se realizó la tasación y escisión equitativa primero, sin contemplar los vínculos. Y cuando aquellos que se dieron cuenta luego de la repartición que tenían proyectos en común y que podían optimizar escala unificando gestión, las división patrimonial no era lo suficientemente funcional para su adecuada optimización.
Caso 1: 2.000 hectáreas en el sudeste bonaerense
Una familia con cinco hijos y un campo mixto: 50% agrícola de muy buena calidad y 50% ganadero con sierras.
El establecimiento estaba aún a nombre del padre, a título personal.
La decisión fue dividir en cinco hijuelas iguales en valor, pero distintas en superficie según la calidad productiva.
Se realizó:
- Tasación profesional.
- Diseño técnico de cinco fracciones equivalentes en valor.
- Donación en vida, conservando los padres el usufructo (nuda propiedad para los hijos).
No había casco relevante, lo que simplificó el proceso.
Una hija pidió elegir primero para construir su casa.
La madre solicitó que la fracción con el antiguo puesto fuera para un hijo sin vivienda propia.
Se respetaron esas voluntades, compensando en valor.
Hoy todo el campo está arrendado y cada heredero percibe su renta individual.
Tras el fallecimiento de los padres, no hubo conflictos sucesorios ni discusiones patrimoniales.
La división anticipada ordenó lo que, de otro modo, podría haber sido un problema.
Caso 2: 3.500 hectáreas en múltiples partidos
Seis hermanos, cinco campos en distintas zonas de Buenos Aires —incluyendo uno cercano a CABA con fuerte influencia inmobiliaria— y una finca en el NOA.
Ninguno administraba directamente. Un primo gestionaba el conjunto.
Tras analizar perfiles y necesidades individuales se detectó:
- Un hermano cuya personalidad hacía recomendable separarlo.
- Otro con fuerte apego a un campo cercano a CABA.
- Cuatro con buena relación entre sí.
Se tasaron todos los campos y se diseñaron seis hijuelas distintas pero iguales en valor.
Dos hermanos eligieron fracciones contiguas para mantener escala conjunta.
La finca del NOA quedó en propiedad y usufructo de la madre de por vida.
Desde 2006 hasta hoy, la familia continúa unida.
Algunos administran sus campos. Otros los alquilan.
La división no rompió la familia. La protegió.
Dividir bien es también preservar continuidad
Muchas veces se presenta la división como el fracaso de la continuidad.
No necesariamente.
El verdadero fracaso es la parálisis, el conflicto permanente o el deterioro productivo por falta de acuerdo.
Cuando no existe base societaria sólida, dividir con criterio técnico, equidad económica y sensibilidad humana puede ser la mejor forma de preservar:
- El patrimonio.
- La armonía familiar.
- La eficiencia productiva.
- La libertad individual.
La unidad es deseable cuando hay visión compartida.
Cuando esa visión no existe, la claridad y la equidad son el camino.